Araceli Salas, educadora infantil y fundadora de Disfam afirma que cada vez es más necesario que se detecte al alumnado con dificultades de aprendizaje en las edades comprendidas entre 3 y 6 años.
¿No se debe esperar a que el alumnado ya lea para detectar la dislexia?
No, hace tiempo que la evidencia científica nos afirma que la etapa clave para llevar a cabo una detección temprana es de 3 a 6 años. Es realmente esencial que las maestras de esta etapa tengan claro lo que tiene que observar para poder empezar a identificar señales relacionadas con la dislexia. Algo muy significativo que nos puede servir de predictor es aquellos niños que ya presentan dificultades en los prerrequisitos de la lectura y también aquellos casos de retraso o dificultades en el desarrollo del lenguaje.
¿Qué son los prerrequisitos y porque son tan importantes?
Son todas aquellas habilidades básicas que un niño debe desarrollar antes de aprender a leer y que preparan a su cerebro para el aprendizaje de la lectura. Son como los cimientos de una casa, si están bien construidos, todo lo que viene después se sostendrá mejor. Esto incluye el desarrollo de habilidades lingüísticas, perceptivas, cognitivas, motoras y sociales que constituyen la base de la alfabetización.
Se debe trabajar y reforzar el lenguaje oral, la conciencia fonológica, la discriminación auditiva y visual, la atención y memoria, motricidad fina, etc. Todo ello debe trabajarse de forma lúdica y multisensorial.
¿Qué se debe hacer entonces si se tienen sospechas?
Cuando hay señales tempranas de dislexia, lo responsable no es esperar a que madure, lo responsable es intervenir.
En infantil no diagnosticamos, pero si podemos acompañar, trabajar y dar herramientas que pueden mejorar el futuro de su aprendizaje. A esta edad el cerebro es una esponja, cuanto antes se tenga el apoyo educativo mucho mejor.
También se debería evaluar de forma preventiva, el centro debería realizar una valoración inicial del lenguaje, de las dificultades que presenta en la conciencia fonológica, memoria, atención etc.… no se trata de etiquetar, sino es para entender y conocer sus debilidades y también sus fortalezas.
Será el momento de introducir apoyos más específicos (intervención, pero en formato de juego y aprendizaje natural)
Y como no, trabajar de forma coordinada con la familia, la familia debe conocer y saber qué se está observando y qué se está haciendo, para poder acompañar y reforzar en casa.
Y finalmente el centro tendrá que llevar a cabo un registro de su evolución, para que quede constancia por escrito y toda esta información tan valiosa la pueda conocer todos los profesionales, también cuando ese alumno/a pase a primaria.
Desde Disfam nos ponemos a disposición de familias y profesionales para cualquier duda o inquietud que les pueda surgir a través del correo info@disfam.org