¿Qué es la dispraxia?
La dispraxia, también conocida como Trastorno del Desarrollo de la Coordinación (TDC), es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a la planificación, organización y ejecución de los movimientos, tanto motores como, en muchos casos, cognitivos.
No está relacionada con la inteligencia, la motivación ni con la falta de voluntad. Las personas con dispraxia saben lo que quieren hacer, pero tienen dificultades para coordinar y llevar a cabo las acciones de forma eficaz, automática y organizada.
La dispraxia suele manifestarse desde la infancia, aunque en muchos casos no se diagnostica hasta etapas más avanzadas, e incluso puede pasar desapercibida en la adolescencia o la edad adulta.
Principales síntomas de la dispraxia
Los síntomas pueden variar mucho de una persona a otra y según la edad, pero suelen incluir:
Dificultades en la coordinación motora
Torpeza motora general
Dificultad para aprender y automatizar movimientos
Problemas de equilibrio y coordinación
Caídas o golpes frecuentes
Problemas en la motricidad fina
Dificultad para escribir, recortar, abrochar botones o atarse los cordones
Escritura lenta, poco legible o con exceso de esfuerzo
Mala coordinación mano-ojo
Dificultades en la planificación y secuenciación
Problemas para organizar tareas con varios pasos
Dificultad para seguir instrucciones largas
Lentitud para iniciar tareas
Necesidad de más tiempo para completar actividades cotidianas
Alteraciones en el habla y la comunicación (en algunos casos)
Dificultades en la articulación de sonidos
Habla poco clara o desorganizada
Problemas para coordinar los movimientos necesarios para hablar
Impacto en la vida diaria y emocional
Dificultades en actividades deportivas o juegos
Problemas para orientarse en el espacio
Frustración, ansiedad o evitación de tareas
Baja autoestima derivada de comparaciones constantes con iguales
Es importante destacar que la dispraxia no implica falta de comprensión, sino dificultades en la ejecución y automatización de acciones.
Dispraxia y comorbilidades
La dispraxia raramente aparece de forma aislada. Es frecuente que coexista con otros trastornos del neurodesarrollo o dificultades específicas del aprendizaje, dando lugar a perfiles complejos que requieren una atención global.
Trastornos más frecuentemente asociados
Dislexia
La dispraxia puede coexistir con dificultades en la lectura y el procesamiento fonológico.Disgrafía
Las dificultades en la coordinación motora fina afectan directamente a la escritura manuscrita.Disortografía
Cuando las dificultades en la planificación interfieren en la correcta aplicación de normas escritas.Discalculia
Puede coexistir, especialmente cuando hay dificultades en la organización espacial y secuencial.TDAH (Trastorno por Déficit de Atención con o sin Hiperactividad)
Es una de las comorbilidades más frecuentes, especialmente en perfiles con dificultades en la planificación, la atención y el control de impulsos.Trastorno del Lenguaje (TDL)
En casos donde se ven afectadas la planificación motora del habla y la estructuración del lenguaje.
Importancia de la detección y la intervención
La dispraxia no se corrige simplemente con “más práctica”. Requiere una evaluación específica y una intervención adaptada que tenga en cuenta tanto los aspectos motores como los cognitivos y emocionales.
La detección precoz permite:
Reducir el impacto en el aprendizaje y la vida diaria
Evitar etiquetas negativas como “torpe” o “vago”
Implementar adaptaciones metodológicas y ajustes razonables
Favorecer el desarrollo de la autonomía y la autoestima
En el entorno educativo, es fundamental priorizar el proceso y el contenido, evitando penalizar la forma, la lentitud o la torpeza motora cuando no son el objetivo de la evaluación.
La dispraxia no define la inteligencia, la capacidad ni el potencial de una persona. Con apoyos adecuados, comprensión del entorno y ajustes razonables, las personas con dispraxia pueden desarrollar plenamente sus habilidades académicas, profesionales y personales.